Hoy toca
hablar de un país hermano que anda enfrascado en un épico combate contra uno de
sus más notables demonios, esta vez en forma de una deuda exterior que lastra
sus finanzas y compromete seriamente la calidad de vida de sus ciudadanos. Se
trata, como no, de Grecia, ese rincón mediterráneo que asociamos a templos en
ruinas, islas paradisíacas y tradiciones milenarias entre el mito y la cultura.
Nosotros, los
que vivimos en países que compartimos ciertas prácticas de gobierno y una
cultura y formas de vida cada vez más comunes, nos solemos referir a nosotros
mismos como “democracias occidentales”. Esas que, bajo el paraguas de la Unión Europea y sus
instrumentos financieros, acosan hoy a la venerable Grecia, cuna de la
civilización europea e inventora de la democracia – y no sólo del término, sino
del propio sistema- para exigirle que sus ciudadanos paguen con su miseria un endeudamiento que es fruto de la
connivencia entre sus propias élites políticas, que han mentido sistemáticamente
respecto a su nefasta gestión económica, y las grandes potencias financieras
centroeuropeas (léase la banca alemana), que bajo la excusa de la ortodoxia
económica pretenden constituir una Europa dual en la que la periferia mediterránea
ocupe un papel subsidiario respecto al núcleo duro franco-alemán.
Y hete aquí
que los griegos, dos mil quinientos años después, nos siguen dando lecciones de
democracia. Porque, en contra de lo acostumbrado por estos lares en que los
gobiernos actúan sin preguntar, el gobierno de Syriza ha utilizado el mecanismo
más democrático posible para legitimar su oposición a la hoja de ruta marcada
por la troika. Un referéndum que ha contestado abrumadoramente a los agoreros
que amenazaban con la exclusión de Grecia del selecto club del euro, dando la
medida de un pueblo sabio y antiguo que ha perdido muchas cosas, pero que no
está dispuesto a renunciar a la más importante, su dignidad.
Porque de
este episodio hemos aprendido varias cosas. La primera, que en griego NO se
dice OXI. La segunda, y más importante, que se puede decir NO, u OXI, sin que el mundo se hunda bajo nuestros pies. Y,
la definitiva, que no todos los gobernantes son iguales, que se puede y se debe
nadar contra corriente cuando la corriente nos quiere arrastrar a un futuro sin
esperanza y con una creciente desigualdad. Que hay que saludar y apoyar
gobiernos que tengan en cuenta a sus ciudadanos, que les pregunten y les escuchen,
que representen realmente sus intereses, y no solo de una manera nominal y
difusa ocultando sus verdaderas servidumbres.
La lección de
los griegos nos remite a la radicalidad, a volver a las raíces, a la asamblea
en el Ágora, al protagonismo de la ciudadanía. A la libertad de elegir y a los
derechos de las personas tan duramente conquistados en el proceso civilizatorio
que nos ha traído hasta el presente. Porque este invento antiguo, la
democracia, o se construye cada día con la práctica democrática o termina
siendo un gran fraude para vestir de lo que no es a la tiranía de los mercados.
No es la primera vez -ni seguro será la última- que en este blog recurro al poema de Cernuda “La poesía es un arma cargada de futuro” para expresar esta vez, una vez más, que en estos tiempos convulsos resulta imprescindible tomar partido hasta mancharse; esto es lo que hago hoy con un texto pragmático, suscrito ex-aequo con mi compañero y sin embargo amigo Antonio Sánchez Santos, para mover a la reflexión sobre una apuesta necesaria. Porque hoy si cabe la posibilidad de desalojar del poder a estos individuos que han dejado sueltos a los peores demonios que arrasan el solar patrio y para ello hay que apoyar a quienes están en esa lucha con vocación de darle una vuelta a la tortilla y construir un país más habitable y humano.
Pasen pues y lean. Luego actúen en consecuencia, porque hay trenes que sólo pasan una vez y luego no valen lamentos cuando los vemos desaparecer dejándonos detrás en un páramo yermo a merced de los buitres.
DIEZ REFLEXIONES PARA APOYAR LA CANDIDATURA DE TANIA SÁNCHEZ Y MAURICIO VALIENTE A LAS PRIMARIAS DE IU-CM
El momento político actual está marcado por el debate acerca de la confluencia de las fuerzas de la izquierda transformadora que permita la creación de un contrapoder real que logre arrebatar el poder en las instituciones al bipartidismo tradicional. Para lograrlo será preciso que quienes encabecen los procesos de confluencia desde las distintas fuerzas en liza estén verdaderamente convencidos de su necesidad y de los pasos a dar, más allá de las declaraciones de principios, superando las inercias que históricamente han limitado los procesos de unidad. Por ello valoramos como muy positivo el que IU haya apostado por abrir procesos de confluencia y haya establecido primarias abiertas, aunque creemos que no todas las candidaturas que se presentan a las primarias abiertas de IU en la Comunidad de Madrid están convencidas de apostar decididamente por materializar una alternativa que ponga fin a los gobiernos al servicio de la oligarquía financiera.
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• La mitificada “transición democrática” en España fue un proceso posibilista fuertemente marcado por el miedo y por las enormes presiones de un sistema dictatorial cuyos dirigentes pretendieron -y en gran medida lograron- perpetuar su poder e influencia. Las renuncias de la izquierda transformadora para evitar la ruptura social nos han conducido a este estado de cosas, en que la presión del verdadero poder, el poder económico que nadie ha elegido, ha convertido el ámbito político-institucional en un poder subsidiario, para crear el entorno que permita la acumulación de los recursos en las manos de los de siempre, generando desigualdad, explotación y exclusión. Hoy la gente está harta de gobiernos que no son capaces de acabar con el infame nivel de desempleo, que restringen cada vez más libertades y derechos, que benefician descaradamente a las grandes corporaciones y que desmantelan el sector público que es fuente de garantías y derechos mientras utilizan sus restos como campo de depredación y de prácticas corruptas. Por todo esto es absolutamente necesario devolver a la política su significado original de gestión del interés colectivo, y esto pasa por una redefinición radical del sentido de la política, de su ámbito de actuación, de sus métodos y de su control efectivo por el conjunto de la ciudadanía.
• Nos hallamos pues ante un momento histórico que quizá no vuelva a repetirse, al haberse abierto una ventana de oportunidad inédita hasta ahora para lograr un vuelco institucional que permita la derrota de las opciones partidistas que sustentan la hegemonía del capitalismo financiero y por tanto comenzar el proceso que siente las bases de unas instituciones públicas al servicio del pueblo. Desaprovechar esta oportunidad puede ser un error irreparable.
• Para cambiar el actual estado de cosas, los debates identitarios (como por ejemplo el de la dialéctica izquierda-derecha vs. los de arriba-los de abajo, o el de conflicto de clase vs. ciudadanía), no dejan de ser filigranas retóricas que, bajo la excusa de analizar las causas profundas de la crisis social, sirven como elementos de crítica y exclusión de otras opciones y frenan las posibilidades de convergencia en la lucha frente al enemigo común, que es el capitalismo. Son la justificación conceptual de ese cainismo disgregador que siempre ha mantenido dividida a la izquierda, para notable regocijo de quienes si tienen claros sus intereses de clase (las oligarquías financieras), que saben bien cómo actuar unidos en base a su interés común.
• IU tiene un techo de voto que baja, a tenor de las encuestas, en la medida que se nos percibe como parte del entramado institucional connivente con las prácticas corruptas. No vale decir que hemos tomado medidas y expulsado a los chorizos cuando es palpable que persiste un aparato cuya acción pasada sigue al menos bajo sospecha.
• A este “aparato” histórico hay que sumar un nutrido grupo que, tirando de esencialismo y reivindicación de la marca, despliega una inusitada actividad y combatividad con una más que probable intención de constituirse en el próximo aparato y/o de optar a figurar en las listas para garantizarse un puesto institucional.
• En los próximos comicios no se trata de salvar los muebles, o de lograr pequeños avances en la representación. Hay que salir a ganar, porque la situación así lo exige. Y para ello no sirven candidaturas de perfil bajo con compañeros/as probablemente muy válidos, pero desconocidos y por tanto sin capacidad para ilusionar y movilizar al electorado. La proyección pública de Tania es hoy en día un activo que no podemos permitirnos desaprovechar.
• Deberíamos tener claro que las organizaciones no son sino los instrumentos necesarios para la transformación social. Por mucho que apelen a nuestra memoria emotiva, hemos de considerarlas bajo criterios de utilidad. Cuando dejan de cumplir su función, o nuevos instrumentos se revelan más eficaces como agentes del cambio, no tiene sentido idealizarlos “porque representan nuestra lucha histórica”. Lo que pudo ser una útil herramienta se convierte así en un lastre para avanzar.
• No debemos ser tan ingenuos como para pensar que vamos a ser la vanguardia de la confluencia de fuerzas necesaria para generar un contrapoder cívico que derrote a las alternativas al servicio de la oligarquía financiera. Hay otras alternativas que han sabido leer incluso mejor que nosotros las claves de la movilización popular necesaria para superar la idea de que solo era posible el juego político dentro del sistema tradicional bipartidista. Hoy la fuerza de los hechos y el hartazgo de la gente han roto el mito de que solo la alternancia de los dos grandes partidos puede garantizar la acción de gobierno y en la lógica de lo posible aparece ya otro escenario. Nosotros/as debemos estar ahí para construirlo.
• En esta confluencia de fuerzas no sobra nadie. Cualquier esfuerzo en generar ese bloque de contrapoder ciudadano será necesario, aunque no suficiente. No es de recibo que estemos continuamente hablando de confluencia, y a la vez estemos de hecho poniendo límites, condiciones, sospechas e incluso acusaciones a quienes deben ser nuestros compañeros de lucha. La confluencia no debe ser un discurso en el que los demás tienen la culpa de que no se pueda lograr. Generosidad, altura de miras y colaboración tienen que ser valores interiorizados y aplicados realmente y no solo palabrería hueca. Sobra el personalismo, el afán de protagonismo, la intolerancia y el desprecio hacia los que no comulgan al 100% con nuestros planteamientos. Las diferencias no pueden ser tan importantes como para jugarnos el perder esta oportunidad histórica de cambio social.
• La candidatura de Tania Sánchez y Mauricio Valiente ha apostado nítidamente por la integración de todas las personas, fuerzas sociales y colectivos en un gran bloque común con ambición y vocación de poder político, para emprender la dura tarea de recuperar la política para los ciudadanos, abriendo puertas a la participación porque esta es una tarea de todos/as, y no solo, como hasta ahora, de unos pocos.
Quienes quieran inscribirse como simpatizantes de IU-CM (hasta el 15/11/2014) y poder votar en las primarias abiertas el 30 de noviembre, pueden hacerlo a través del siguiente enlace http://www.iucm.org/index.php/primariasabiertas
Antonio Sánchez Santos Alberto Gil Fernández
Politólogo Sociólogo y Antropólogo
Concejal de IU en Parla (Madrid) Ex – concejal de IU en Parla (Madrid)
En una entrada anterior
definía los últimos comicios europeos
como la mejor de las encuestas sobre el estado de la opinión pública. También
apuntaba la singularidad de los resultados como definitorios de una ruptura de
la lógica bipartidista que se había instalado en nuestra democracia y esbozaba que podía suponer –con
matices- la apertura de una ventana de oportunidad para la
sustanciación de un contrapoder
ciudadano con aspiraciones de control de los mecanismos institucionales del
poder.
Analizar
este fenómeno daría para mucho más de lo que admite un artículo como éste, amén
de que ya se han pronunciado toda serie de opinólogos, más o menos cualificados
– e interesados- , sobre causas, antecedentes y razones con que explicar los
novedosos resultados, así como de las implicaciones presentes y futuras del
nuevo escenario que representan. De ahí que no pretenda sentar cátedra o establecer verdades palmarias, sino ofrecer en varias entradas
(juro solemnemente que las menos que pueda) algunas claves sobre los porqués y
los cómos que nos han traído hasta el momento presente y plantear algunos elementos sobre los marcos de actuación para consolidar un
proyecto aglutinador de la izquierda transformadora.
Tengo
que confesar que no creo en la equidistancia, y doy la razón por anticipado al
que me acuse de parcial. Soy, sin complejos, de izquierdas. Y, a mayor abundamiento,
miembro cotizante de IU, aunque muchas veces crítico con su organización, mucho
más que con su propuesta política que me parece válida en lo fundamental. Lo
que no impide que sea, o haya sido, muchas otras cosas: cincuentón y padre de familia, empleado público pero antaño
en el sector privado, simpatizante del
15M y defensor radical de la participación ciudadana, sindicalista,
activista en las luchas estudiantiles y vecinales o científico social de
formación, entre otras. Condiciones todas ellas que, lejos de nublar mi entendimiento, son las que
me proporcionan los mimbres con que tejer esta reflexión.
Para
entender cómo hemos llegado hasta la situación actual creo que es necesario
identificar y caracterizar un momento histórico en el que confluyen tanto una
tendencia global que incluye el neoliberalismo económico instaurado tras la
ruptura del equilibrio bipolar de la guerra fría y el resto de fenómenos
derivados de la globalización, como
otros elementos específicamente hispanos que han marcado la práctica política y
social en nuestro pasado reciente. Entre
los primeros es fundamental la
desconexión definitiva entre la economía y la esfera productiva que ha dado
origen a una lógica inmisericorde de apropiación basada en la actividad financiera,
lo que implica que alrededor del 90% del capital mundial corresponda a
operaciones puramente especulativas que no corresponden a nada tangible que
pueda ser valorado. De los segundos empezaremos señalando la desconexión
radical entre la práctica de los partidos que han ostentado el poder político y
los intereses generales de la mayoría de la población, siempre a favor de los
intereses de las oligarquías económicas. Añadamos el autismo frente a las
demandas sociales y su represión, las prácticas corruptas, la mentira y la
manipulación en la comunicación pública, la desregulación que conlleva el
deterioro de las condiciones del trabajo, el escandaloso aumento de la
desigualdad, la supresión de derechos, garantías y libertades o el
desmantelamiento de los elementos del
escaso e incompleto estado del bienestar de los que disfrutábamos
(educación, sanidad, ..) entre otros muchos que podríamos identificar
fácilmente.
Como
vemos, toda una ofensiva perpetrada al calor de una pretendida “lógica de lo
inevitable” cuya inmediata justificación es la omnipresente crisis
económica, y que no es sino un reflejo
de políticas interesadas para el cumplimiento de la gran agenda oculta
del capitalismo financiero, que son promovidas no solo por el gobierno del
estado sino desde las instituciones transnacionales (U. Europea, FMI, BCE,…) y que
vienen apoyadas en un trabajo constante sobre elementos simbólicos y
comunicativos para forjar mitos que desactiven la posible contestación y
resistencia de los que hablaremos más adelante.
Valgan
estas líneas como introducción antes de entrar más a fondo en intentar explicar cómo nos han podido
llevar nuestros gobernantes hasta este huerto. También nos preguntaremos que
cómo es posible que, como país, nos hayamos dejado llevar hasta aquí, y si es
posible cambiar de rumbo y encontrar una
salida hacia otro modelo posible.
Las elecciones
europeas de 2014 han sido consideradas no sin razón como la mejor de las encuestas
posibles sobre la situación política actual. Sus resultados son inapelables, no
parten de una muestra - abarcan el universo completo- y no
caben sesgos ni cocinas siempre a favor de las interpretaciones e intereses de quienes financian el
estudio. Pero con todo, hay que tomarlas
apenas como una foto fija de algo tan inestable y difuso como es la opinión
pública en estos momentos, aunque nos muestren efectos que hay que evaluar
más allá de lo coyuntural al haber
evidenciado una ruptura del consenso bipartidista en la que los dos grandes
partidos de gobierno han sufrido una importante sangría de votos.
A su vez
la novedad estriba en el incremento del voto a las opciones hasta ahora
minoritarias y en el surgimiento de nuevos actores políticos que, en ambos
casos, canalizan el hartazgo de la ciudadanía frente a una acción de gobierno
rendida desde hace décadas a los intereses de la oligarquía económica , que ha
permanecido ausente, cuando no
abiertamente hostil, frente a las demandas populares y que ha sometido a la mayoría de la población
a un empeoramiento de sus condiciones de vida bajo la excusa de la austeridad
necesaria para superar la ”crisis
económica” (que no es sino la derivada necesaria de una lógica de acumulación
sin precedentes que caracteriza al capitalismo financiero que ha venido a
sustituir desde finales del pasado siglo al capitalismo industrial) .
Vaya por
delante agradecer que en nuestra España, este país de todos los demonios, la reacción frente a las políticas del “austericidio”
no se haya traducido, como en muchas otras naciones europeas, en un repunte de
las opciones populistas de extrema derecha con un discurso xenófobo y excluyente, quizá
por la singularidad de que la mayoría del segmento de población susceptible de atender
a tales proclamas lleve ya tiempo cómodamente instalado en ese contenedor de la muy particular y racial derecha hispana que es el PP.
De cualquier
modo cabe pensar que se abre un marco inédito de posibilidades para que, más
allá del ovbio varapalo infligido a los grandes partidos institucionales como
hecho puntual, podamos afirmar que se abre una ventana de oportunidad para la
consolidación de un proyecto alternativo al del poder sumiso a la lógica
económica, con auténtica vocación, pero sobre todo con una posibilidad real, de
ofrecer un contrapoder desde la exigencia ética y la ciudadanía. Posibilidad
esta que no está exenta de dificultades y que sin duda encontrará escollos
monumentales para su materialización, como evidencian tanto la andanada de descalificaciones vertidas
desde los ámbitos del poder como las
reticencias de tantos que quieren el cambio pero siguen anclados en
particularismos y hechos diferenciales (por no hablar de la gestión de las
cuotas de poder). Organizar algo tan diverso y multiforme no deja de ser una
tarea titánica y aparte de la voluntad y el esfuerzo será necesario luchar
contra mitos, intrahistorias, banderías, narcisismos y otras tantas debilidades
de la condición humana que siempre estarán allí para comprometer los
resultados.
Por el momento
lo dejo ahí, sin entrar más a fondo en casos ni causas. Tampoco en insistir en
la necesidad de aprovechar esta ventana de oportunidad por parte de las fuerzas
de la izquierda transformadora, porque todos los implicados, al menos
nominalmente, coinciden en la misma. Yo
sigo pidiendo lo de siempre: generosidad y altura de miras. Porque nos jugamos
mucho, ni más ni menos que seguir sufriendo la historia o pasar a
protagonizarla. Y porque por primera vez en mucho tiempo, al ver los rostros de
nuestros pésimos gobernantes, uno
advierte que el miedo está empezando a cambiar de bando. Les preocupa perder sus privilegios
construidos con lo que nos niegan a la
mayoría, y ya va siendo hora de reivindicarnos no como siervos, sino como
ciudadanos conscientes y responsables de
construir nuestro presente y nuestro futuro.
Esta cita del Quijote, que los
lingüistas Rodríguez Marín, Martín de Riquer o Francisco Rico aseguran que no
quiere decir más que lo que dice, ha mutado y cosechado el éxito popular en un
país como el nuestro, que en lo tocante a la sacra institución oscila entre la
sumisión y el desprecio, tansformándose en
la más conocida “con la
Iglesia hemos topado, amigo Sancho”. Así, la referencia puramente
topográfica de encontrarse con el singular edificio deviene en lamento crítico frente
al temible poder espiritual y terrenal que, abierta o subrepticiamente, despliega
la curia desde su sede romana hasta alcanzar los más recónditos lugares. Es
este un poder coercitivo por cuanto impone modas y modos de vida mediante sus
dogmas, en los que no cabe la duda porque son dictados por instancias
infalibles, y que en su afán de universalidad condicionan a propios y ajenos incrustándose
en el habla y en las mentes, en pugna con la razón, con la promesa de premios
sin igual y la amenaza de castigos igualmente fabulosos que a todos se nos
otorgarán sin excepción, aunque sea en otro mundo atemporal y situado en
ninguna parte, cuando volvamos a ser polvo de estrellas.
Cuando
en pleno siglo XXI, en la última etapa de un progreso basado en el desarrollo
de la razón, perviven, y con fuerza, estos residuos del pensamiento mágico y
precientífico, hemos de preguntarnos por qué tanta gente sigue expuesta y
dispuesta a engrosar las filas de unas iglesias que explotan como producto
estrella la fe, ese recurso irracional de la mente humana que permite creer en
algo contra toda evidencia. Desde hace tiempo estoy convencido de que el éxito
de las religiones se basa en que proporcionan explicaciones sencillas y
asequibles incluso para los problemas más complejos a los que se enfrenta la
mente humana (con la pequeñasalvedad de que sus respuestas son, en su mayoría, falaces). Súmese
a lo anterior la garantía de la tradición y una puesta en escena sobrecogedora -la
liturgia- que empequeñece al individuo para infundirle la adecuada dosis de
temor de Dios –sumisión- y tendremos los ingredientes para constituír la ecúmene
de los mansos, dispuestos a ser guiados por sus pastores espirituales en sus
asuntos terrenales con una eficacia y una firmeza que ya quisieran para sí partidos,
gobiernos e instituciones.
Viene
a cuento lo anterior por la última jugada que nos ha ofrecido la sede vaticana,
con la inédita dimisión de Joseph Ratzinger, dizque por cansancio, y la elección del nuevo papa, Francisco I, en
lampedusiano ejercicio de cambio para que todo permanezca igual. La Iglesia Católica, Apostólica y
Romana viene sufriendo un permanente cuestionamiento por la ligereza con que ha
permitido, en ostensible ejercicio de cinismo, que convivan en su seno un
discurso conservador y ultramontano con unas prácticas, tanto en lo moral como
en lo económico, incompatibles con su propia teoría, que causan por igual
alarma y rechazo. Y no se trata solo de las reticencias a asumir las evidencias
históricas de su sistemática promoción de guerras, torturas, inquisiciones,
persecuciones o evangelizaciones a golpe de crucifijo, sino de la
insensibilidad con que manejan cuestiones tan actuales como los abusos a
menores por miembros del clero, el cerril rechazo al uso de los preservativos incluso
en áreas tan azotadas por el SIDA como el África subsahariana, las oscuras
operaciones económicas de la banca vaticana y de los gestores de su riqueza en
otros países, su afán de condicionar las
políticas públicas en base a sus intereses (como cuando se intenta permitir el
ejercicio de sus derechos a las minorías sexuales) o su pretensión de seguir
utilizando los recursos públicos (como la educación) para difundir su ideología.
Por
tanto, y pese a la coartada de lo espiritual, son tantos los intereses temporales
de esta iglesia que dan pie a especulaciones de todo tipo sobre los
motivos últimos y verdaderos de todo este tinglado, cuya principal virtud ha
consistido en borrar de las escaletas de los medios muchísimos otros asuntos, desplazados
por la parsimoniosa coreografía carmesí del colegio cardenalicio, cegados por
el brillo de dorados palios e inmaculadas casullas y ensombrecidos por el humo
de fumatas de diseño que anuncian al señalado por el Espíritu Santo como
vicario de Dios en la tierra y oráculo de sus designios. Un espectáculo sin
duda grandioso en el que el papel de primer intérprete le ha corresponido a un
cardenal argentino y jesuíta, del que
las primeras referencias apuntan a su connivencia con las autoridades de la dictadura
de Videla y a su militante oposición al matrimonio homosexual y al aborto.
Primer papa latinoamericano, probablemente a causa del temor a la pérdida de
influencia en un área estratégica en la que comienzan a ser desplazados por
otras iglesias protestantes, y en la que el dinamismo social de los gobiernos
de progreso también puede resultar una amenaza a su tradicional influencia como
poder fáctico.
A
falta de comprobar el sello personal que su todavía desconocida figura imprima
al trono del pescador, nada hace presagiar que no vayamos a encontrarnos una
vez más con más de lo mismo: una institución opaca y ensimismada que seguirá trabajando
en el empeño de explotar en monopolio su franquicia de la voluntad divina para
consolidar y mantener ese poder temporal del que dicen renegar, pero que
atesoran con mano de hierro.
Hace algún tiempo, en este mismo
sitio, lamentaba yo el despropósito megalomaníaco del trilero de primera Sheldon
Adelson conocido como Eurovegas[1].
Fabuloso cuento de la lechera y prometido paraíso del vicio cuyo planeamiento,
seis meses después, sigue siendo un misterio de mayor enjundia que aquellos de
Fátima. Salvo vagas promesas e hinchadas declaraciones sobre la magnificencia
del proyecto, barajando como reclamo cifras mareantes de inversión y empleo, pero
eludiendo conscientemente la problemática asociada a un desarrollo como el que
parece que se propone, pretenden convencernos desde el entorno del PP de las
bondades de este país de las maravillas en versión Las Vegas que hará fluir
ríos de dinero para solaz y disfrute de todos, aunque todos nos tememos que ya
está decidido quienes pondremos la pasta y en qué cuentas reservadas terminarán
desembocando tan suculentos caudales, si es que el tal engendro llega a realizarse en todo o
en parte.
Pero hete aquí que el avispado
presidente y concejal portavoz del PP local de Parla acaba de descubrir una
maravillosa derivada de tan controvertido invento que permitirá acabar con el
desempleo en esta localidad gracias a su providencial intervención, recogiendo en
la sede popular los currícula de los habitantes de sus dominios (que no de sus convecinos,
puesto que es conocida su residencia en el madrileño barrio de Salamanca), para,
en un impreciso futuro, hacerlos llegar a los “responsables” del ludoparque
temático, que con seguridad sabrán valorar y reconocer la garantía que les
ofrecen quienes sean presentados por tan solvente recomendador. Lo que no
sabemos, por ahora, es qué tipo de empleos son los que se ofrecen, ni en que
condiciones laborales, para ir ajustando los perfiles y adquiriendo las debidas
competencias. De momento a D. Miguel Ángel López, que tal es el nombre del edil,
esta nueva boutade[2] le ha
servido para incendiar las redes sociales y para salir sacando pecho en los
medios, ávido de gloria por autoerigirse en salvador de los desheredados, olvidando
quizás que lo son fundamentalmente por las políticas económicas y laborales de
su propio partido.
Uno tiene serias dudas de si este
disparate, que además tiene aspecto de contravenir no solo los principios
éticos más elementales o el sentido común, sino directamente y en varios
aspectos la legalidad vigente (véase la normativa sobre agencias de
intermediación laboral o la ley de protección de datos de carácter personal,
por ejemplo) es fruto de la inconsciencia o de la irresponsabilidad. En el
primero de los casos nos hallaríamos ante un incompetente. En el segundo, ante
alguien que cree que en política todo vale, hasta el engaño, para lograr
réditos electorales. En ambos casos lo único que se demuestra es un burdo
intento de generar clientelismo político jugando tramposamente con las
necesidades de unos ciudadanos previamente machacados y desposeídos por esta derecha
nefasta que sufrimos en España.
¿Sorprendidos? Quizá puedan estarlo
quienes no conozcan la trayectoria del personaje, exalcalde de Torrejón de Velasco,
donde sus vecinos, las hemerotecas (y las cuentas públicas) pueden dar fe de los
“éxitos” de su gestión. Tampoco se sorprenderán quienes conocen su condición de
propietario de numerosos terrenos, sobre todo en el área de desarrollo industrial del PAU-5 de
Parla (de cuya Junta de Compensación fue presidente), cuya puesta en marcha siempre
fue considerada fundamental por todos los grupos políticos para la generación
de empleo que garantizara el crecimiento sostenible de la localidad y que todavía
hoy permanece en barbecho (con lo que muchos pensamos, a falta de mejor explicación ¿no
será porque los propietarios de las tierras no han podido satisfacer sus
expectativas de ganancia?)
-+
Nada nuevo bajo el sol. Por
desgracia empieza a ser hasta rutinario que nos mientan por sistema y que nos
intenten convencer de que llueve cuando nos están meando encima. Y habrá
incautos, todavía, que piensen que estos siniestros personajes pretenden hacer
algo más que defender y aumentar su poder y su patrimonio. Que su destino les
pille confesados.
[1] El
irresistible encanto de los trileros, en http://detodoslosdemonios.blogspot.com.es/2012/09/el-irresistible-encanto-de-los-trileros.html
[2] Otra de
sus geniales ocurrencias fue pretender que se cancelaran las deudas tributarias
municipales de sus empresas con el importe de las dietas de los concejales de
su grupo, que ya luego les pagaría él, si eso. También, pero por omisión, este
paladín de la lucha contra el desempleo nada ha dicho respecto al ERE de
Telemadrid, ente del que es Consejero por obra y gracia del PP.
Cuando en este
país los demonios andan sueltos y campando a sus anchas, al otro lado del
charco despiden en loor de multitudes a Hugo Chávez Frías, carismático y
controvertido líder de la revolución bolivariana en Venezuela, que tuvo el
valor de enfrentarse a muchos de los demonios que, de la mano del imperialismo,
se habían asentado en el cono sur americano. Esos demonios que denunció en su
momento Eduardo Galeano en “Las venas abiertas de América Latina”, y que
provocaron que países inmensamente ricos en recursos fueran el hogar de pueblos
pobres y desasistidos, víctimas de una situación de dependencia sostenida por unas
élites políticas vendidas a los intereses de las potencias occidentales, y
sobre todo del amo yanki, que siempre
consideró al sur como su patio trasero, su despensa y su coto privado,
del que podía servirse a su entera conveniencia.
Desde su
independencia, ya fuese mediante los más turbios dictadores, o con remedos de presidencias
“democráticas”, pero podridas hasta la náusea, la mayor parte de la riqueza de
las naciones americanas había sido expoliada sistemáticamente para sostener el
desarrollo del primer mundo, eternizando su condición de países “en vías de
desarrollo”; un desarrollo que nunca terminaba de despegar, acuciado por
relaciones comerciales desequilibradas e injustas, por sistemas políticos y
sociales en los que la corrupción era seña de identidad y penetraba todos los
estamentos, y más recientemente por las presiones de una deuda ilegítima vinculada a las condiciones leoninas impuestas por los organismos financieros
transnacionales.
Hasta hace
bien poco, la soberanía nacional en Latinoamérica, si entendemos como tal la
capacidad de las naciones para decidir sobre qué camino desean tomar sin
imposiciones ajenas, era poco más que un deseo utópico. Con sola excepción de
Cuba, el largo brazo de la política exterior estadounidense había logrado poner
y quitar gobiernos, ya fuera mediante el dinero o por oscuras operaciones
encubiertas, civiles y militares, de sus
servicios secretos para garantizar sus intereses (recuérdese a F.D. Roosevelt
refiriéndose a Somoza diciendo que “puede que sea un hijoputa, pero es nuestro
hijoputa”). Pero últimamente, la victoria de las opciones de la izquierda parece
estar consiguiendo que cambie el panorama. Con diferentes grados y estilos, líderes
como Lula, Evo Morales, Correa, Múgica, y, singularmente, Hugo Chávez, se dispusieron
a tomar al fin las riendas del desarrollo de sus países, esto es, recuperar la
soberanía nacional, para promover al fin el desarrollo de los pueblos y no solo
de sus clases privilegiadas.
En el caso
venezolano, la firmeza con la que Chávez puso en marcha su proyecto
bolivariano, enfrentándose a los intereses de las multinacionales occidentales,
le granjeó inmediatamente la animadversión
del poder político y económico internacional, que lanzó una desproporcionada ofensiva
mediática para presentarle como un dictador golpista y populista y por tanto un serio
peligro para la estabilidad de la zona. Es cierto que a ello ayudaba la
personalidad tumultuosa e histriónica del propio personaje, pero no lo es menos
que pese a este carácter (o a lo mejor por ello) supo conectar con las clases
populares venezolanas, que por primera vez encontraron un lider que hablaba
como ellos mismos, y que, tras hacerse con el control público del valioso
recurso petrolero, invirtió en los desheredados, que empezaron a disfrutar de
recursos inéditos como la educación, la vivienda o la sanidad. Por más que se
quiera denostar al personaje, y pese a que subsisten serios problemas como la
seguridad ciudadana, las cifras que refrendan los resultados de su gestión son
contundentes: la reducción de la pobreza del 43,9% en 1998 al 24,5% en 2011, y
especialmente de la pobreza extrema, la generalización de la alfabetización y
la puesta en marcha de programas sanitarios, o la fuerte reducción de las
desigualdades (el índice de Gini pasó del0,486 al 0,390en el mismo periodo) tienen suficiente
entidad como para sobreponerse a la crítica de las formas o los mensajes.
Pero, con
todo, los resultados del liderazgo de Hugo Chávez no se limitan al ámbito
venezolano. Su fuerte personalidad le ha permitido liderar iniciativas
regionales como el ALBA, y exportar elementos de la propuesta bolivariana que
han sido asumidos con interés por los gobiernos de progreso de los países del
entorno, lo que ha convertido a Latinoamérica en el área más dinámica del globo
en lo que se refiere a desarrollo social y económico. Justo cuando en un
arranque de dignidad nacional, sus gobiernos han abjurado de las recetas del
FMI y el BM (las mismas que mantienen a Europa en una crisis sistémica que
mantiene congeladas sus economías nacionales), para controlar desde el poder público
los sectores estratégicos de la economía, poner freno expeditivamente a las prácticas
depredatorias de las multinacionales y promover políticas verdaderamente
redistributivas, que alcancen a los eternos olvidados.
Personalmente
suelo recelar de los hiperliderazgos, porque creo en las bondades de la
horizontalidad y en el conocimiento y el poder compartidos. Pero, hoy por hoy, tanto
la carencia como la sobreabundancia de información, no suelen permitir la
reflexión necesaria (y menos al nivel de poblaciones enteras) para tomar las mejores
decisiones, y todavía la opinión pública es voluble e imprecisa, necesitada de
intérpretes de la realidad que señalen el camino a seguir. Para Venezuela, y
para el mundo, el excesivo comandante ha resultado ser un visionario capaz de
infundir esperanza a los parias de su tierra. Y, como alguno ya ha advertido,
se equivocan los que piensan que su prematura muerte deja tocado su proyecto y que,
a través de la oposición, terminará retornando
el orden imperial de las multinacionales. Ciertos líderes, como el Cid o como
Gandhi, ganan sus más grandes batallas después de muertos, cuando se convierten
en mitos, en referencias icónicas de lo que significa luchar por unas ideas en
vez de por acumular dinero. Hugo Chávez seguirá siendo recordado cuando de los
libros de historia se hayan borrado, por irrelevantes, Rajoyes y Mérkeles, o Aznares
y Berlusconis.